Aparato Reproductor Femenino

El aparato reproductor, tanto el femenino como el masculino, es el encargado de producir las células sexuales, también conocidas como gametos. El proceso de la producción de estas células se inicia durante la pubertad y, en el caso de las mujeres, dura hasta los 40 o 50 años. Sin embargo, en el caso de los hombres, este período empieza unos años más tarde pero dura toda la vida, por lo que se puede decir que la capacidad de reproducción del hombre es más larga que la de las mujeres.

Este proceso es el responsable de la aparición de los caracteres sexuales secundarios, que se irán manifestando a medida que pase el tiempo en el que se desarrolla. El aparato reproductor femenino, además de crear las células sexuales, se encarga también del desarrollo de la nueva vida, proporcionándole toda la protección, calor y alimento que necesitará durante su crecimiento en el útero de la madre.

El aparato reproductor femenino, junto con el masculino, son los encargados de la perpetuación de la nuestra especie, llevando a cabo las reproducciones de nuevos seres, quienes irán evolucionando en la cadena del ser humano.

En el caso de las mujeres, empiezan su desarrollo antes de los 9 años, con el desarrollo de las mamas, el cual se alarga hasta los 13 años, más o menos. De los 9 años hasta los 14, se produce el vello púbico y las primeras reglas pueden aparecer entre los 12 y los 14 años.

El aparato reproductor femenino está formado, como el masculino, por órganos internos y externos. Cada uno de estos órganos tiene una función específica en el proceso de reproducción, lo cual implicará que el mal funcionamiento de uno de ellos haga que la reproducción no se lleve a término.

Los órganos internos del aparato reproductor femenino son:

- Los ovarios: éstos son los órganos productores de gametos femeninos u ovocitos, que son las células sexuales femeninas. Los ovarios tienen un tamaño muy variable en función de la cavidad y de la edad de la mujer. A diferencia del aparato reproductor masculino, dónde los testículos están situados justo debajo del pene y en la parte exterior, los ovarios están situados en la parte interna del aparato reproductor y a la altura del abdomen.

El proceso de formación de los óvulos es conocido como ovulogénesis y se lleva a cabo en unas cavidades, las paredes de las cuales están recubiertas por unas células que protegen y nutren el óvulo, para que este pueda vivir hasta su expulsión o hasta que sea fecundado por un espermatozoide. Cada uno de los folículos que hay en estas cavidades contiene un solo óvulo, el cual madura cada 28 días, aproximadamente, que es lo que se conoce como el periodo de menstruación.

Si este óvulo no es fecundado, será expulsado en forma de “la regla” o la “menstruación”. La gran diferencia entre los procesos de producción de células sexuales masculina y femenina está en que el proceso masculino es continuo, mientras que el femenino es periódico. Los ovarios también producen los estrógenos y las progesteronas, las cuales son las hormonas que regulan el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, como puede ser la aparición de vello o el desarrollo de las mamas. Del mismo modo, éstos también preparan el organismo de la mujer para aceptar y poder sostener un posible embarazo.

- Las trompas de Falopio: estos son unos conductos que miden entre 19 y 13 cm y comunican los ovarios con el útero, sitio dónde se alojará el óvulo fecundado para su desarrollo. La misión de las trompas de Falopio es la de llevar el óvulo hasta él para que se pueda producir la esperada fecundación. Se han dado algunos casos en los que el óvulo no llega al útero y es fecundado en una de estas trompas.

En este caso estaríamos hablando de un embarazo ectópico y éste no suele llegar a ser un embarazo, ya que desprenderá por sí mismo o bien requerirá de su extracción. El feto no podría sobrevivir en las trompas, ya que no le llegarían todas las sustancias necesarias.


- El útero: es un órgano hueco y musculoso, en el cual se desarrollará el nuevo feto en caso de fecundación. Su pared interior es conocida como el endometrio, el cual presenta cambios durante los ciclos menstruales, relacionados con la producción de los estrógenos. El útero será el encargado de proporcionar la seguridad, comodidad y alimento que el feto va a necesitar durante su desarrollo en él, durante los nueve meses que dura el periodo del embarazo.

- La vagina: es el canal el cual comunica el interior del aparato con el exterior. En este conducto es en el que entrarán los espermatozoides y se desplazarán hasta encontrar el óvulo en el útero. Las funciones de la vagina son básicamente dos: la primera, es la de recibir el pene durante el coito, para que los espermatozoides puedan empezar su camino hasta el óvulo y, la segunda, es la de dejar salir al bebé durante el parto.

Cabe mencionar que la irrigación sanguínea de los genitales internos femeninos se lleva a cabo por la arteria uterina.

Los órganos externos del aparato reproductor femenino se conocen en conjunto como la “vulva”, la cual está compuesta por:

- El clítoris: este es el órgano eréctil y erógeno de la mujer. Es considerado como el homólogo femenino del pene masculino, concretamente asimilándose a la glande.

- Los labios: los labios son pares y hay los labios mayores y los labios menores. Estos son unos pliegues salientes, los cuales pueden tener un tamaño variable en función de las características de cada mujer. Los labios están formados por glándulas sebáceas y sudoríparas.

- El Monte de Venus: es un tipo de almohadilla situada en la parte de la sínfisis púbica, parte superior de la vulva y compuesta por varias glándulas sudoríparas y sebáceas.

- El vestíbulo vulvar: ésta es un área que tiene forma de almendra y está agujereada por seis orificios, conocidos como el meato de la uretra, el orificio vaginal, las glándulas de Bartolino y las glándulas parauretrales de Skene.

No se puede decir que la apariencia o la forma de los órganos sexuales femeninos sean igual en todas las mujeres, ya que en función de las características de cada mujer será completamente distinto.

En las mujeres, las futuras células sexuales están presentes en su cuerpo desde fetos. Tan pronto como nacen, las niñas ya poseen en sus ovarios una cantidad aproximada de 400.000 futuros óvulos, de los cuales se perderá una gran parte y sólo entre 400 y 450 van a madurar a partir de la pubertad. Una vez la mujer ha llegado alrededor de los 50 años, los óvulos dejan de madurar, dando paso al periodo de la menopausia o la retirada de la menstruación.

La menopausia puede aparecer años antes en algunas mujeres, ya sea debido a enfermedades varias, como pueden ser los quistes o los cánceres, o debido a un proceso psicológico.

El proceso de formación y maduración de las células sexuales se conoce como gametogénesis y, en el caso del gameto femenino, se conoce como Ovogénesis. Es un proceso el cual comienza en la etapa embrionaria y se detiene hasta que comienza la pubertad. Este periodo se reanuda de nuevo luego y continúa durante toda la vida fértil de la mujer.

Como resultado de este proceso, la mujer produce los óvulos, los cuales tiene cada uno de ellos, 23 cromosomas, que son los que llevarán la cadena genética del nuevo embrión; es decir, todos sus rasgos, ya sean físicos como psíquicos. Después de la maduración del óvulo, este es liberado por los ovarios y se desplazará mediante las Trompas de Falopio hasta el útero, dónde si no es fecundado se destruye y se elimina. Este proceso se repite de forma cíclica durante toda la vida fértil de la mujer es conocido como el Ciclo Menstrual.

Como en el caso de los hombres, el proceso de producción de las células sexuales femeninas está controlado y regulado por el Sistema Endocrino, dónde los ovarios funcionan como glándulas endocrinas, regulando sus células.

Cada uno de los elementos que conforman el aparato reproductor femenino tiene sus propias funciones, siendo cada uno de ellos completamente necesario para que la reproducción pueda llevarse a cabo satisfactoriamente. Por desgracia, cada día son más las mujeres que tienen disfunciones en alguna de estas partes y no pueden quedarse embarazadas.

Este hecho ha llevado a la ciencia a buscar una serie de soluciones, las cuales permiten actualmente a cualquier mujer quedarse embarazada, como si nada pasara. Otros factores más importante, pero también difíciles de tratar y que pueden desembocar en una esterilidad por parte de la mujer, son los factores psicológicos.

El hecho de estar todo el día pensando en quedarse embarazada, el estrés, nervios, etc., que nos trae nuestro día a día, hacen que muchas mujeres se encuentren con dificultades a la hora de poder quedarse embarazadas. Para ello, lo mejor es adoptar una actitud normal y visitar a los doctores, quienes nos asesoran y harán las pruebas pertinentes para saber qué es lo que realmente está pasando, a la vez que nos ofrecerán las mejores soluciones que tengan en su mano para ayudar a cualquier mujer a ser madre.

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