La fecundación humana

En el momento en que un hombre y una mujer tienen relaciones sexuales, la mujer está expuesta a una fecundación, es decir, que su óvulo sea penetrado por un espermatozoide masculino, y se produzca un posible embarazo. Durante esta relación sexual, el hombre eyaculará dentro de la vagina de la mujer, liberando semen masculino.

Este semen, el cual también es conocido como esperma, contiene unos 100 millones de espermatozoides por centímetro cúbico, o sea que, en cada coito o relación sexual, el hombre libera entre 200 y 600 millones de espermatozoides dentro de la mujer, cuya única misión es ir en busca del óvulo a fecundar.

Un espermatozoide es un pequeño elemento unicelular, cuya longitud no sobrepasa los 0,000001 metros y que está formado por cuatro partes completamente diferenciadas: la cabeza, el cuello, la parte intermedia y la cola.

A su vez, la cabeza del espermatozoide está diferenciada entre el capuchón cefálico, el núcleo y el centriolo proximal. En el núcleo es dónde se encuentran los cromosomas, los cuales poseen la herencia genética del futuro padre. Es decir, los espermatozoides tienen los rasgos y características orgánicas y psíquicas especiales del hombre, las cuales se transmitirán a sus hijos, en caso de que haya la fecundación y el embarazado salga bien. Sin embargo, el cuerpo del espermatozoide es como un depósito de carburante, el cual le dará a su cola la fuerza necesaria para poder desplazarse durante su largo viaje, a velocidades notables.

Una vez estos espermatozoides han sido depositados en la vagina, el camino que han de recorrer para poder alcanzar el óvulo, es muy largo y difícil. Largo porque, dada su pequeñez, los 15 cm. que les separan del óvulo, equivalen a un viaje de centenares de kilómetros para nosotros.

A su vez, decimos que es difícil porque, aparte de que existen una serie de dificultades y barreras a su ascenso a través de los genitales de la mujer, los espermatozoides han de efectuar este desplazamiento en muy breve tiempo, ya que ellos sólo pueden vivir 72 horas y el óvulo, 48.

Por otro lado, el óvulo de la mujer es la otra gran célula, que dotará al feto con la herencia genética de la madre, formando así una célula con todos los cromosomas, preparada para crecer y transformarse en un nuevo ser. El óvulo esta provisto de los elementos necesarios para subsistir hasta que sea fecundado dentro de sus 48 horas de vida.

Cada mes, gracias a la acción sobre el ovario de las llamadas hormonas gonadotróficas de la hipófisis (glándula que se localiza en la base del cerebro), tiene lugar 14 días después de la regla, una ovulación. Durante este período de ovulación, se romperá la cubierta del ovario para dar salida a un óvulo, procedente de un folículo maduro.

Para que no se pierda dentro del vientre, la trompa de Falopio del mismo lado del ovario lo engulle por completo mediante un movimiento de succión, haciéndolo desplazar por dónde tiene que hacer su recorrido. Ahora bien, como el útero no puede saber de antemano si este óvulo será fecundado o no, mes tras mes se prepara para un posible embarazo, haciendo todos los cambios físicos y psíquicos que la mujer necesitará para soportar este embarazo.

La mucosa del interior de la matriz que se ha desprendido en el curso de la regla anterior, se reconstruye durante el tiempo que media desde esta menstruación a la ovulación, gracias a la acción de los estrógenos, hormonas fabricadas por el folículo ovárico. Si no tiene lugar la fecundación de este óvulo, toda esta preparación resulta inútil, razón por la cual unos días después la mucosa de la matriz se desprenderá provocando la menstruación y el óvulo se desintegra completamente.

Al nacer, los ovarios de una niña contienen alrededor de medio millón de óvulos. No obstante, en el momento de la pubertad ya sólo quedan unos 15.000. El resto han degenerado. A partir de ese momento cada mes la mujer, como hemos visto, tendrá un óvulo preparado para ser fecundado dentro de las 12 horas siguientes a su salida del ovario. Una vez que ha transcurrido ese tiempo, pierde vitalidad, muriendo dentro de las 48 horas siguientes. El periodo de fecundidad de la mujer, durará aproximadamente unos treinta años, lo que significa que de los 500.000 óvulos iniciales sólo unos 400 llegarán a madurar y sólo unos pocos serán fecundados.

Inmediatamente después del coito una gran parte de los espermatozoides que forman el semen, perecen en la misma vagina víctimas de la acidez de su contenido, la cual no les ofrece un espacio idílico para vivir. Únicamente los que consiguen refugiarse en el cuello del útero sobrevivirán, ya que ahí existe un moco que sufre variaciones cíclicas notables: fuera del momento de la ovulación, su extrema densidad y viscosidad actúan como barrera infranqueable para los espermatozoides; por el contrario, en el momento de la puesta ovular, este se fluidifica suficientemente para facilitar el ascenso de los mismos.


Cuando deben abandonar su momentáneo refugio en el moco cervical, muchos de estos espermatozoides perderán el rumbo y perecerán. Sólo unos pocos miles conseguirán encontrar el camino de las trompas de Falopio y penetrar en ellas, pero solamente una de ellas contiene el óvulo, lo que significa que para la mitad de ellos, todo este esfuerzo no tendrá ningún resultado, ya que no encontrarán el óvulo para fecundar.

Finalmente, poco más de una docena de ellos, los más fuertes y mejor dotados de todo aquel colosal ejército, llegarán hasta las inmediaciones del óvulo, aunque no todos ellos tendrán su recompensa, ya que sólo uno podrá entrar, hecho que hará que para los demás, el esfuerzo también haya sido en vano.

La fecundación se produce cuando uno sólo de los espermatozoides consigue penetrar la membrana del óvulo. Parece ser que existe, en algún lugar de la superficie del óvulo, un cono de atracción, para facilitar la entrada de un espermatozoide y se cierra después herméticamente, para que ningún otro pueda acceder a él.

Es como sí la membrana de fuera estuviera abierta para ellos, pero cuando uno ha entrado, esta membrana se cerrará volviéndose tan dura, que los demás no podrán entrar. Es decir, cuando la cabeza del espermatozoide consigue penetrar dentro del óvulo, se producen modificaciones en su membrana, los cuales imposibilitan la entrada de cualquier otro espermatozoide.

Además, sólo entrará dentro del óvulo, la cabeza del espermatozoide, ya que cuando la membrana de este se cerrará, tendrá un efecto como se cortar la parte que está en medio, la cual es su cola. De hecho, lo único que necesita el óvulo para poder desarrollarse en feto, es la cabeza de este, ya que es la única que contiene los cromosomas necesarios. Sólo la cabeza, con su carga genética, queda dentro.

Después de la penetración de la cabeza de un espermatozoide dentro del óvulo, tiene lugar la fusión de ambos núcleos. Esto significa que cada uno de los 23 cromosomas que contienen tanto el núcleo del óvulo como del espermatozoide, buscarán su pareja en el otro núcleo obteniéndose finalmente 23 pares de cromosomas, o lo que es lo mismo, 46 cromosomas que es la dotación cromosomial normal que corresponde a una persona, tanto si es hombre como mujer y lo que determinará los rasgos físicos y personalidad del futuro bebé.

Efectivamente, las células de cualquier punto del organismo humano, masculino o femenino, poseen invariablemente en su núcleo, 46 cromosomas. El óvulo y el espermatozoide son la única excepción a esta norma, ya que si ambos de ellos tuvieran los 46 cromosomas, cuando se fusionarían tendrían como consecuencia un futuro ser con 92 cromosomas, y cada vez que tuviera lugar una fecundación, se duplicaría el número de cromosomas de los padres, evitando así la reproducción humana.

Cuando el espermatozoide se ha unido con el óvulo, una serie de cambios empiezan a tener lugar de forma rápida. La célula empieza a dividirse rápidamente y a formar todo lo que necesita para poder desarrollarse. El útero, el cual ya ha hecho su trabajo previamente, está esperando que este óvulo fecundado llegue a él y se implante en una de sus paredes, la cual le ofrecerá el alimento necesario para que pueda seguir desarrollándose mientras la placenta hace lo mismo, para poder alimentar al ser cuando este lo necesite.

La placenta es una capa que filtrará todos los nutrientes que lleguen al bebé, pero hay algunas sustancias que no podrá neutralizar y que pasarán directamente al feto; por ello, es de suma importancia ser consciente de ello y evitar el uso del tabaco, el alcohol, los medicamentos, etc., que podrían perjudicar el desarrollo correcto del feto.

Pese a que nuestros cuerpos están preparados para la reproducción, hay personas que por sus características son incapaces de llegar a una fecundación, imposibilitándoles así el milagro de ser padres, de crear una nueva vida. Esta situación hay veces que no se puede arreglar y, por ello, la tecnología ha desarrollado sistemas de fecundación menos naturales, como la fecundación in vitro, para poder ofrecer a los futuros padres la posibilidad de serlo.

Estas técnicas hacen una imitación de los procesos de reproducción naturales, pero subsanado el que presente un error. De esta manera, se puede saltar el paso erróneo y seguir adelante con una fecundación y su embarazo.

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